domingo, 24 de enero de 2010

Olimpos

Mientras Cibeles late,
Artemisa pasea
por las frondas con Flora.

Apolo se extasía
ante tanta belleza.

Febo calienta el día
y hace fértil a Ceres.

Pomona da sus frutos.

Eolo, con sus brisas,
acaricia a Neptuno
en su dorso de olas.

Dionisos un racimo
estruja y paladea.

Urano, desde el cielo,
azulea el entorno.

A la vez se recrea
en sol y luna Jano.



Al calor de Vulcano,
que se mueve entre brasas,
Vesta en su hogar descansa
en brazos de Morfeo.

Pan recorre los campos
siguiendo sus rebaños.

Minerva sabe cómo
se desarrolla el Todo.

Eros con Afrodita
y Venus con Cupido
van enseñando amor.

Júpiter besa a Juno.

En los abismos Hades
al acecho vigila.

Y Cronos, mientras tanto,
va devorando horas.

martes, 5 de enero de 2010

Ese sagrado son de la armonía

Jugar con el color.

Aprisionar reflejos de arco iris,
y aventurar la sombra,
y acomodar el brillo,
y teñir el momento.

Poder parir paisajes y jardines
rodeados de verdes y de oscuros.

Dominar los matices de la flor,
el blanco del jazmín,
los grises de la tórtola y la nube,
y el hondo azul del mar.

Deslindar los plomizos horizontes
y platear, en medio de la noche,
los rayos de una luna enamorada
que juega con la cresta de una ola
que acaricia la arena.


De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía

sábado, 26 de diciembre de 2009

Quiero que no me miren

En el distante rayo de la luna al brillar,
en la callada brisa que camina danzando,
en el cándido amante que solloza esperando,
en el sordo murmullo de las olas del mar.

En la voz suplicante de un sutil evocar,
en petición ansiosa que sumiso demando,
en caminos que piso y que luego desando,
en los tiempos que siempre negarán regresar.

En el dulce secreto que conservo escondido,
en el latir doliente de un corazón herido
y en la triste morada que se pierde en los cielos,

aún sabiendo que vives en los atrios lejanos,
pongo sobre mis ojos las palmas de mis manos
para que nadie sepa que en todo tengo celos.

De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía

Primicia

Como suave caricia,
como si se tratara
de que no despertase,
la sutil mariposa
dejó su leve huella en la amapola.

Así fue el primer beso que te di;
como si no quisiera
que mis labios supiesen que te amaba.

De “Besos”

Tengo ansias de Dios

Cuando yo finja ser ala del viento
y en las cúpulas verdes y en las flores
y en el jardín pintado de colores
cante con esperanza lo que siento.

Cuando pueda mostrar el sentimiento
que pretende ligarme a tus amores.
Cuando escuche en la noche tus rumores
que dejarán mi pecho sin aliento.

Cuando vuelvan tus ecos de mi olvido
y se meza mi llanto en el sonido
de tan ansiada y dulce melodía.

Cuando a gritos invoque tu recuerdo,
desde esta cárcel gris donde me pierdo,
sabrás cómo te quiere el alma mía.

De “La mitad descalza. Oremus.”

El hombre nuevo

Y qué si me deshago de los rayos de luna
y del pájaro verde que trina en la pradera
y del arroyo claro que corre en la ribera
y de la brisa fresca que ondula la laguna.

Y qué si ya no invoco a la diosa Fortuna,
ni deseo de nuevo vivir en la frontera
de cantos de sirena de cualquier primavera,
ni en la grata memoria tengo ilusión ninguna.

Es tan grande lo nuevo que me grita por dentro,
en tan ansiosa espera fue tan dulce el encuentro,
el abrazo tan fuerte, tan abierto el camino.

Y qué si no hago caso del resplandor que engaña
y cultivo mi trigo y arranco la cizaña
siendo Jesús la estrella que alumbra mi destino.

De “Desde lo oscuro al alba. Sonetos para orar."

La hora

Y se asoma la luz cuando atardece,
cuando llegan mis olas a su arena,
y se engalana el alma y la condena,
al confiar en Él, desaparece.

Es amor que de pronto fluye y crece,
que como hiedra ciñe y te encadena,
es el eco de un canto de sirena,
de una atracción total que te estremece.

Es la puerta, por fin, del Paraíso,
un hogar tan ansiado al que preciso
peregrinar desnudo de atavío.

Es encontrar mi hogar en su regazo
y anudar para siempre un fuerte lazo
cuando funda su abrazo con el mío.

De “El otro amanecer”