Como un rumor que nunca se apaga ni se pierde,
como sedosa brisa que enfría tu mejilla,
como el grato murmullo de la ola en la orilla,
como flor en su tallo que se mece en lo verde,
trino para que siempre tu mente lo recuerde,
fue como el brote tierno de una vieja semilla,
como epístola dulce, amorosa y sencilla,
que hace que lo divino con lo humano concuerde.
Cual canto de sirena que perdura en tu oído,
imborrable mensaje entrañable y sentido,
que penetra en tu alma y te hace prisionero,
desde que me miraste diciéndome quién eras,
mi corazón, Dios mío, prueba de mil maneras
la forma más humilde de decirte te quiero.
De “El otro amanecer”
Editorial Manantial
viernes, 12 de febrero de 2010
martes, 2 de febrero de 2010
Dulces recuerdos
Un dedo que recorre
rozando levemente,
tu rostro, tus cabellos,
la curva de tu hombro.
Una caricia leve que conmueve,
que turba y enardece y enamora.
Un beso que se cierne,
que vuela y que se posa
en tus labios desnudos.
Estelares momentos.
Luego el tiempo.
rozando levemente,
tu rostro, tus cabellos,
la curva de tu hombro.
Una caricia leve que conmueve,
que turba y enardece y enamora.
Un beso que se cierne,
que vuela y que se posa
en tus labios desnudos.
Estelares momentos.
Luego el tiempo.
domingo, 24 de enero de 2010
Olimpos
Mientras Cibeles late,
Artemisa pasea
por las frondas con Flora.
Apolo se extasía
ante tanta belleza.
Febo calienta el día
y hace fértil a Ceres.
Pomona da sus frutos.
Eolo, con sus brisas,
acaricia a Neptuno
en su dorso de olas.
Dionisos un racimo
estruja y paladea.
Urano, desde el cielo,
azulea el entorno.
A la vez se recrea
en sol y luna Jano.
Al calor de Vulcano,
que se mueve entre brasas,
Vesta en su hogar descansa
en brazos de Morfeo.
Pan recorre los campos
siguiendo sus rebaños.
Minerva sabe cómo
se desarrolla el Todo.
Eros con Afrodita
y Venus con Cupido
van enseñando amor.
Júpiter besa a Juno.
En los abismos Hades
al acecho vigila.
Y Cronos, mientras tanto,
va devorando horas.
Artemisa pasea
por las frondas con Flora.
Apolo se extasía
ante tanta belleza.
Febo calienta el día
y hace fértil a Ceres.
Pomona da sus frutos.
Eolo, con sus brisas,
acaricia a Neptuno
en su dorso de olas.
Dionisos un racimo
estruja y paladea.
Urano, desde el cielo,
azulea el entorno.
A la vez se recrea
en sol y luna Jano.
Al calor de Vulcano,
que se mueve entre brasas,
Vesta en su hogar descansa
en brazos de Morfeo.
Pan recorre los campos
siguiendo sus rebaños.
Minerva sabe cómo
se desarrolla el Todo.
Eros con Afrodita
y Venus con Cupido
van enseñando amor.
Júpiter besa a Juno.
En los abismos Hades
al acecho vigila.
Y Cronos, mientras tanto,
va devorando horas.
martes, 5 de enero de 2010
Ese sagrado son de la armonía
Jugar con el color.
Aprisionar reflejos de arco iris,
y aventurar la sombra,
y acomodar el brillo,
y teñir el momento.
Poder parir paisajes y jardines
rodeados de verdes y de oscuros.
Dominar los matices de la flor,
el blanco del jazmín,
los grises de la tórtola y la nube,
y el hondo azul del mar.
Deslindar los plomizos horizontes
y platear, en medio de la noche,
los rayos de una luna enamorada
que juega con la cresta de una ola
que acaricia la arena.
De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía
Aprisionar reflejos de arco iris,
y aventurar la sombra,
y acomodar el brillo,
y teñir el momento.
Poder parir paisajes y jardines
rodeados de verdes y de oscuros.
Dominar los matices de la flor,
el blanco del jazmín,
los grises de la tórtola y la nube,
y el hondo azul del mar.
Deslindar los plomizos horizontes
y platear, en medio de la noche,
los rayos de una luna enamorada
que juega con la cresta de una ola
que acaricia la arena.
De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía
sábado, 26 de diciembre de 2009
Quiero que no me miren
En el distante rayo de la luna al brillar,
en la callada brisa que camina danzando,
en el cándido amante que solloza esperando,
en el sordo murmullo de las olas del mar.
En la voz suplicante de un sutil evocar,
en petición ansiosa que sumiso demando,
en caminos que piso y que luego desando,
en los tiempos que siempre negarán regresar.
En el dulce secreto que conservo escondido,
en el latir doliente de un corazón herido
y en la triste morada que se pierde en los cielos,
aún sabiendo que vives en los atrios lejanos,
pongo sobre mis ojos las palmas de mis manos
para que nadie sepa que en todo tengo celos.
De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía
en la callada brisa que camina danzando,
en el cándido amante que solloza esperando,
en el sordo murmullo de las olas del mar.
En la voz suplicante de un sutil evocar,
en petición ansiosa que sumiso demando,
en caminos que piso y que luego desando,
en los tiempos que siempre negarán regresar.
En el dulce secreto que conservo escondido,
en el latir doliente de un corazón herido
y en la triste morada que se pierde en los cielos,
aún sabiendo que vives en los atrios lejanos,
pongo sobre mis ojos las palmas de mis manos
para que nadie sepa que en todo tengo celos.
De “Convergencias”
Academia Iberoamericana de Poesía
Primicia
Como suave caricia,
como si se tratara
de que no despertase,
la sutil mariposa
dejó su leve huella en la amapola.
Así fue el primer beso que te di;
como si no quisiera
que mis labios supiesen que te amaba.
De “Besos”
como si se tratara
de que no despertase,
la sutil mariposa
dejó su leve huella en la amapola.
Así fue el primer beso que te di;
como si no quisiera
que mis labios supiesen que te amaba.
De “Besos”
Tengo ansias de Dios
Cuando yo finja ser ala del viento
y en las cúpulas verdes y en las flores
y en el jardín pintado de colores
cante con esperanza lo que siento.
Cuando pueda mostrar el sentimiento
que pretende ligarme a tus amores.
Cuando escuche en la noche tus rumores
que dejarán mi pecho sin aliento.
Cuando vuelvan tus ecos de mi olvido
y se meza mi llanto en el sonido
de tan ansiada y dulce melodía.
Cuando a gritos invoque tu recuerdo,
desde esta cárcel gris donde me pierdo,
sabrás cómo te quiere el alma mía.
De “La mitad descalza. Oremus.”
y en las cúpulas verdes y en las flores
y en el jardín pintado de colores
cante con esperanza lo que siento.
Cuando pueda mostrar el sentimiento
que pretende ligarme a tus amores.
Cuando escuche en la noche tus rumores
que dejarán mi pecho sin aliento.
Cuando vuelvan tus ecos de mi olvido
y se meza mi llanto en el sonido
de tan ansiada y dulce melodía.
Cuando a gritos invoque tu recuerdo,
desde esta cárcel gris donde me pierdo,
sabrás cómo te quiere el alma mía.
De “La mitad descalza. Oremus.”
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