martes, 22 de marzo de 2011

Piedad

Es difícil pensar, es evidente,
durante los momentos que vivimos,
en cómo analizar lo que sentimos,
mirar dentro de sí, ser consecuente.

Apartarse algún tiempo de la gente,
estudiar, si hago mal, si me redimo,
si procuro el perdón, si me aproximo
al que en algo ofendí, humildemente.

Tanto me estoy jugando en este trance…
Para que la promesa se afiance
tendré que poner todo de mi parte.

Sólo pido, Señor, misericordia;
en medio de este mundo de discordia
abre mi corazón para adorarte.

sábado, 19 de marzo de 2011

Vida interior

Tiempo de penitencia, de buscarnos,
de saber cómo somos, qué pensamos,
qué rige nuestra vida, cómo amamos;
tiempo de cavilar y de encontrarnos.

Es hora de rezar, de analizarnos;
que vean los demás que proclamamos
con todo el corazón, que divulgamos,
que Jesús padeció para salvarnos.

Piensa en su sufrimiento cómo ha sido,
el cáliz de amargura que ha bebido
y te asombrará ver que estás llorando.

Busca dentro de ti, la gran sorpresa
será ver que tu alma sigue presa
de un Dios que una vez más te está llamando.

Ceniza

En esta tesitura aciaga y cruda,
sin pensar en que vives de prestado,
satisfaces tu vida con lo dado
por una sociedad sumisa y muda.

Inmerso en lo carnal que te saluda
con sonrisas de un gozo programado
que borra de tu mente lo sagrado,
sin importar si tu alma se desnuda,

tienes que preguntarte: ¿soy cristiano?,
¿rezo al Señor?, ¿ayudo a algún hermano?,
¿descubro en mi interior lo que venero?

¿Por qué no hacer un alto en el camino
sabiendo que te juegas tu destino
en un estadio que es perecedero?

martes, 18 de enero de 2011

Ancianos

Soy ya viejo, Señor, y así lo asumo,
por tanto en los lugares donde estoy,
bien patente demuestro lo que soy:
hablo de un tema y otro y los consumo.

Enderezar entuertos es mi meta;
siempre de los demás, nunca los míos.
Soy un mandón en muchos desvaríos y
debo dar a todos mi receta.

¿Para qué reflexivo o taciturno?
Por eso tanto afán de perorata.
Mil detalles que forman cabalgata
y ni pensar a nadie dar su turno.

Qué difícil si hablo es ir al grano;
¿cómo omitir, Señor, tanto detalle?
Aunque el otro esté al cabo de la calle,
valorará lo sabio de un anciano.

De los demás, ni oír quiero sus penas;
si acaso, yo les cuento algún achaque;
para que en algo mi dolor se aplaque,
que me digan de mí mis cosas buenas.

Claro en mi mente está lo recordado;
ellos cuentan sus cosas, que se dudan;
con oírme, seguro que se ayudan;
yo cómo voy a estar equivocado.

Todos los de mi edad, viejos gruñones;
yo gozando de mucha simpatía
y ganando elegancia cada día;
los demás, adiposos, barrigones.

Todo lo veo mal; no me preguntan
cómo tienen que hacerse las gestiones;
sin mis consejos, sin mis opiniones,
no saben lo que hacer, ni lo barruntan.

Si grabo lo narrado en mi conciencia
y pienso que es verdad lo relatado,
si he sido consecuente en lo contado,
que me sirva lo escrito de advertencia.

Tú que tanto sufriste y tanto amaste,
que tanta salvación me has regalado,
¿cómo no aprovechar lo que me has dado?
¿Por qué olvido, Señor, lo que enseñaste?

Qué retrato más fiel, qué pesadilla
y qué oportunidad desperdiciada;
qué vergüenza, Señor, qué campanada,
una vitalidad de pacotilla.

Es tanta vanidad lo que me inculpa;
quiero ser al revés de lo contado;
pido perdón al ver dónde he llegado;
de todo lo pasado “mea culpa”.




Inspirado en la “Oración de un monje irlandés del siglo XVII”

jueves, 23 de diciembre de 2010

Nochebuena

La tarde que se escapaba;
la Virgen que sonreía;
era por fin hoy el día
en que a su Niño esperaba;
y cómo le preparaba
su camisa y su pañal,
eran tan blancos, igual
que el aderezo de escarcha
que cuando la nieve marcha
queda preso en el cristal.


De "Reportero en Belén de Judea"

Un rayo de luz

Un ángel quiso jugar
con un brillante lucero
y recorrió el mundo entero
hasta llegarlo a encontrar;
y cuando lo pudo hallar,
observó cómo alumbraba
a un Niño que lo miraba
desde un portal, en Belén,
en donde el hombre de bien,
por ser Jesús, lo adoraba.


De "Reportero en Belén de Juedea"

La venida

Se va acercando una estrella
a la puerta del pesebre
para que su luz requiebre
al Hijo de una Doncella;
un aleluya atropella
la esperanza de un desvelo
y reparte con su vuelo
la noticia del derroche
que esta memorable noche
nos ha dado el Dios del cielo.


De "Reportero en Belén de Judea"