jueves, 25 de diciembre de 2014

Relato


Fíjate cómo sería
lo entrañable del momento;
y mira que te lo cuento
porque mi alma allí vivía:
Un ángel que sonreía,
un José que dormitaba
y una Virgen que gozaba;
ninguna capa de armiño,
tan sólo un Dios en un Niño
y una estrella que alumbraba.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Alojamiento


Fue tan real que un pastor
me rogase que este día
al Infante que venía
le concediese mi amor…
Y ¿qué otra cosa mejor
yo le pudiera ofrecer,
a quien me va a conceder
que viva siempre a su lado?:      
Un Portal en mi costado
y que en mí quiera nacer.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Expectativa


Tanto tiempo, tanta espera,
tanto ruego, tanto anhelo,
tanto preguntar al cielo
si por fin aconteciera,
que una doncella tuviera
al Mesías tan soñado;
tanto mundo enamorado
de una Virgen en Belén;
tanto rezo, tanto amén,
tanto Dios tan abajado.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Inmaculada


Gabriel no disimula su contento
al ver lo que su anuncio le produjo
a la que, casi niña, ve el influjo
de un Dios al que le da su asentimiento.

Queda presa María del Aliento
que penetró en su seno y la sedujo,
y que siguiendo Virgen la condujo
a atender del Señor su llamamiento.

Qué derroche de amor y qué alegría,
que esa humilde doncella fuese un día
la que desde los cielos Dios bendijo.

La creó virginal en su pureza,
le dio la eternidad, le dio belleza
y quiso darle más: su propio Hijo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

El Niño va a nacer


Sé que pronto vendrá y lo aguardamos
con todo el corazón, con la esperanza
que te otorga la fe, la confianza
de que el Padre dará lo que anhelamos.

Sé que vas a nacer y ya te amamos;
serás, Jesús, la bienaventuranza,
la luz, la salvación y la fianza
de huérfanos, sin ti, que caminamos.

Lo espero para mí y me ilusiona
poder oír su voz si al fin menciona
ese nombre que no se lo merece.

Un Niño que me diga que me quiere,
que esperará que siempre lo venere,
y le pida perdón cuando tropiece.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Tantos santos


Serán Fernandos, Mónicas, Albertos,
Marías, Federicos y Clementes,
Cármenes y Felipes, muchas gentes
que merecieron cielos muy abiertos.

Son santos sin saberlo, pero ciertos.
Algunos infelices indigentes
darán sus manos a otros más pudientes
y escucharán angélicos conciertos.

Han cesado por fin sus sufrimientos,
ya no se oyen sus llantos, sus lamentos;
por siempre con fervor a Dios aclaman.

En los atrios del cielo habían leído
ese letrero breve y conocido:
“Acceso para todos los que aman”.

Santos y santos


Felices trinarán con bellos cantos,
ángeles, querubines, serafines,
y cruzarán sus notas los confines
en alabanza allí de muchos santos.

Muy difícil nombrarlos; serán tantos
que no darán abasto los clarines
para llenar de notas los festines
y borrar de una vez penas y llantos.

Ya todo será allí sosiego y gloria
y disfrutarán juntos la victoria
de la felicidad y del consuelo.

Pasaron por aquí quizá sin nombre
y es normal para el pueblo que le asombre
lo fácil que les fue encontrar el cielo.